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Agosto dejó una buena noticia para los salarios, pero con asterisco. Según el INDEC, los sueldos del sector registrado subieron 2,6% nominal, con una inflación de 1,7%. Son tres meses seguidos de mejora real.
El asterisco aparece cuando se mira un año atrás. Los salarios formales acumulan un aumento de 30,4% contra una inflación de 33,5%, es decir, una caída real cercana al 2,3%. Para quien gestiona personas, esto plantea una pregunta concreta: cómo cuidar el bolsillo del equipo sin desbalancear los costos. Ahí entran en juego los beneficios para empleados en un contexto de inflación.
La recuperación de los últimos meses es real, pero parcial. Entre los trabajadores del sector privado registrado, los salarios subieron 20,4% en los primeros ocho meses de 2026, frente a una inflación acumulada de 21,3%. Según publicó Ámbito Economía, el dato sigue por debajo del poder adquisitivo de agosto de 2025.
Además, la inflación volvió a acelerarse en septiembre, hasta 1,9%. Todavía no se conoce el índice salarial de ese mes, así que nadie sabe si la mejora se sostiene.
El empleo asalariado privado registrado cayó 0,2% en julio y la desocupación llegó a 7,9% en el segundo trimestre. En ese escenario, las personas que tienen un empleo formal quieren conservarlo, y las empresas quieren retener a quienes ya conocen su operación.
La respuesta intuitiva ante un salario que pierde contra los precios es aumentarlo. Pero para muchas pymes eso tiene límites claros:
Nada de esto significa que haya que dejar de ajustar sueldos. Significa que el salario no es la única herramienta disponible. Antes de definir cualquier esquema, consultá con tu contador o asesor laboral cómo impacta cada opción en tu empresa.
Una forma práctica de pensar el problema es mirar en qué se va la plata del equipo. Los gastos cotidianos y recurrentes, como el almuerzo, el supermercado o los útiles escolares, son los que más se sienten cuando los precios suben.
Un beneficio bien diseñado tiene tres características. Tiene un destino claro, porque se usa en un rubro que el colaborador ya necesita cubrir. Tiene un monto acotado y planificable, que la empresa define de antemano. Y es fácil de usar, porque si el trámite es engorroso, el beneficio se pierde en el camino.
Ahí es donde las tarjetas prepagas corporativas ganaron lugar frente a los vales de papel o a las compras de regalos con logística propia.
Los que cubren gastos cotidianos y recurrentes, como el almuerzo, el supermercado, el transporte o los útiles escolares. Son los rubros donde más se siente la suba de precios, así que un beneficio orientado a ellos se nota en el bolsillo desde el primer mes. Para elegir, conviene preguntarle al equipo cuáles son los gastos que más le pesan.
No son excluyentes. El aumento sigue siendo necesario cuando el salario pierde contra los precios, pero tiene límites: impacta en toda la masa salarial, queda incorporado al básico y suele estar atado a paritarias. Un beneficio con monto definido por la empresa permite acompañar al equipo con un costo conocido de antemano y ajustable si el contexto cambia. Antes de definirlo, consultá con tu contador o asesor laboral cómo impacta cada opción en tu empresa.
Una carga mensual, alineada con el cobro del sueldo, es lo más fácil de planificar para la empresa y lo más previsible para el equipo. Las entregas esporádicas se perciben menos y cuestan más de organizar.
Mirando cuánto se acreditó y cuánto se consumió en cada período. Si la tasa de uso es baja, suele ser porque el beneficio es difícil de usar o cubre rubros que el equipo no necesita. Con una tarjeta prepaga [https://www.kuru.la/tarjeta-regalo-giftcard] ese seguimiento está disponible en tiempo real y no depende de planillas ni vales de papel.


Antes de elegir una herramienta, conviene ordenar la decisión. Este es un camino simple:
Un ejemplo hipotético: una pyme de logística de Rosario con 120 personas no puede dar un aumento general este trimestre. En cambio, decide acreditar un monto fijo mensual para consumos de supermercado. El costo es conocido de antemano y cada persona lo usa en lo que más necesita. Si el contexto mejora, la empresa puede ajustar el monto sin tocar el básico.
KURU ofrece una tarjeta prepaga Mastercard pensada para que las empresas entreguen beneficios sin armar logística propia. La empresa define cuánto acreditar y a quién. Cada colaborador usa la tarjeta en sus compras cotidianas, sin trámites ni vales que se pierdan o se venzan en un cajón.
Para el área de RR.HH., la ventaja es operativa. Se reemplazan compras de regalos, canjes de papel y planillas por un esquema centralizado. Para el equipo, el beneficio es claro: se usa donde ya gasta.
Los números de KURU acompañan, sin exagerar. Más de 200 empresas ya trabajan con la plataforma, la tasa de uso supera el 90% y las compañías reportan ahorros de hasta 14% en gastos corporativos. Eso no reemplaza una política salarial razonable, pero suma una herramienta que se puede ajustar mes a mes.
Si estás evaluando alternativas, revisá estos puntos: